7/26/2015

Viajar con solo elevarse


La sensación más similar a viajar es elevarse: subir unos cuántos metros, sobrepasar la media y ver la la ciudad desde arriba. Viajar de esta forma es más placentera que moverse en el aire o en una larga carretera. Viajar así es sentir ese viento de verano tan esperado, reconfortante y pacífico. Es la gloria por poder evocar miles de pensamientos en cuestión de minutos.
Ayer, en lo alto de la ciudad y con un viento que empujaba mi cuerpo recordé una noche sorpresa; habíamos hecho unos kilómetros y luego unos cuantos metros para elevarnos. Una colina con una cruz me esperaba para escuchar un discurso tímido y mal preparado, y también unos sentimientos de grandeza que me incitaban a comerme el mundo. Recordar aquel momento, aquella historia, aquella persona me recordó lo mucho que mejoré, y lo necesario que fue pasar por tantas discusiones y kilómetros lejos de "casa".
Sin dudas las alturas te incitan a actuar, a proponer.Es una belleza de reflexión que contiene pasado, presente y futuro.
Todo viaje en vertical te hace recordar, soñar y querer abrazar, estar arriba te motiva, quieres comentar todo lo que se te viene a la mente, debatir, escuchar y ser escuchado.
Todo viaje en vertical promueve el amor, ¿son las alturas aliados de los pensamientos?, yo creo que sí, y mucho más que eso. Allá arriba me imaginé proponiéndome objetivos, tomando las decisiones más corajudas y jurando amor eterno.
Interesante experiencia ver las luces que destacan los espacios más transitados de la ciudad, las historias que cada punto tiene en mi mente, las palabras guardadas, los sentimientos vividos y las ganas de reencontrarlos.
Interesante experiencia conectar el pasado con el presente, comparar momentos y recordar que solos o acompañados hay lugares con el poder de obligarte a reflexionar.

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