7/08/2015

Todo me recuerda

Me encuentro dejando algo que no me daba tranquilidad, algo que al final no hacía más que ponerme nerviosa y que me era imposible de arreglar.
El día en que decido cortar, cual dieta estricta que nunca nadie en la vida aceptó por mera felicidad, camino unas cuadras y entro al metro con una canción romántica, de esas que con sólo 3 segundos de melodía te dan ganas de pegarte un tiro. Así empezaba todo.
No sólo tocaba lidiar con la difícil decisión de dejar aquél círculo vicioso que me daba más disgustos que satisfacciones, sino que ahora me tocaba lidiar con las coincidencias de la vida. Aquellas que no sabes si son para recordarte lo peor y hacerte llorar de la bronca o para recordarte que todavía hay esperanzas y que por eso hay coincidencias.

Hace días que vengo leyendo frases que siento me abrazan y me aconsejan. Una de ellas es la siguiente, "Nadie que piensa bien reacciona mal". ¡Mierda!, ¿entonces?.
Con esto entiendo que quien dejé debería entender el porqué de mi última respuesta, libre de enojo, llena de dolor y desilusión.
Pero... yendo más a fondo tampoco pensamos bien todo el tiempo.
Estar mal es tener un período de inseguridad, cosa que nos hace imaginar un sin fin de posibilidades, tantas que nos perdemos haciéndonos historias, y si alguien nos detiene, nos enojamos por no haber terminado de desarrollarlas.
Podemos estar mal por varios motivos, uno ciento por ciento personal y otro por culpa de alguien más, que ojo, hay que destacar que si ese "alguien más"es el problema es porque uno aceptó que entrara.

Dando un paso atrás, analizo, pienso y concluyo en lo siguiente; pensar bien es tarea personal, pero si se está con alguien es tarea grupal, por ende, el día en que pensé y reaccioné mal fue porque: hice mal mi tarea personal o hicimos mal la tarea grupal, y el día en que reaccioné bien ante una fea situación, fue porque: hice bien mi tarea personal o hicimos una buena tarea grupal.

Conclusión. Algo que nunca vi y el sentimiento que nació me hizo reaccionar bien. ¡Ni que fuera Dios!, bah, Dios es amor (eso lo dicen todos los creyentes) y el amor es como Dios, invisible pero presente. O sea que el amor también es Dios porque su esencia es la misma, o sea que dioses podemos ser todos Ó, todos formamos a Dios (no es mera idea mia, ya hubo alguien que lo dijo, pero llegar a esto por un camino diferente me resulta sorprendente).

Por ende, él sería mi Dios y yo sería el suyo. Y si no era creyente, ahora debería serlo, porque creer en el amor/Dios es creer en algo que todo lo puede, en este caso bajado a lo más terrenal, somos sinónimo de "fe".

Terminando el texto de las mil conexiones; el amor es invisible y tiene la capacidad de hacernos creer en lo que no vemos. ¡Mierda, si las palabras mezcladas con sentimiento pueden crear mundos!.

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