7/11/2015

Nacimiento y muerte

Hace unos días me levantaba con una noticia que me puso inquieta, había nacido el hijo de la hermana de mi mejor amiga.
Con un total de no sé, 10 palabras mas o menos, me decía que no paraba de llorar, que en breve nacía su primer sobrino. Ella es así, tan llorona y sentimental... quería estar allá para poder abrazarla y pasar esas horas de nerviosismos con ella, quería acompañarla y vivir eso tan especial que estaba pasando. Ella es una de las pocas personas más emotivas y amorosas que conozco, es más, creo que antes de darle el reconocimiento a mejor amiga, era mucho más bondadosa, pero conmigo un poco se retrajo.
No digo que la empeoré, digamos que la equilibré, necesitaba una chispita agria, al fin y al cabo, eso no modifica la esencia, sólo la amolda al día a día.
Esos días de noticias de luz son tan importantes como aquellos de puras sombras. Estar lejos de mis amigas a veces es difícil, querer estar ahí, ya, ahora, pero no puedo porque hay kilómetros de distancia. Días como esos, el dinero no ayuda, ni teniendo millones podría haber hecho que en una hora estuviera ahí, calmándola y abrazándola.
Ese mismo día, de este lado yo tomaba una decisión que me costaba equilibrar con su noticia, eran dos polos opuestos. Ambas con lágrimas nos sosteníamos, yo sabía que no podía pasar por alto su noticia y ella tampoco la mía.

Ni uno, ni dos, ni tres días me iban a sacar del pozo, pero aquí estaba, buscándola y siguiéndola por redes para conocer a su sobrino.
Este tipo de noticias me recuerda la edad que tengo, a veces la olvido, a veces pienso tener todavía mis dulces 20. Hoy abro Facebook y una de cada 15 fotos es de un bebé, de una madre o un casamiento. Al igual que los fumadores, comprar cajitas de cigarrillo con la imagen de un pulmón podrido no los hace dejar de fumar, pero sí pensar por una milésima de segundo. Eso me pasa cuando entro al Face, miro todas esas fotos y en algún lugar de mi cabeza digo "qué lindo ha de ser...".
Amo mi vida actual sin hijos, pero ver ciertas cosas me hace repensar. Me pregunto, ¿cuándo sería el momento ideal?, ¿qué me gustaría enseñarle?, ¿dónde lo podría tener?; porque cuando te encuentras sin raíces piensas todo dos veces.
Qué lindo ha de ser el sólo hecho de tomarme el tiempo para responder a estas preguntas. Por ahora no hay apuro pero disfruto el plantearmelo para un futuro.

Nunca me gustó leer esos textos que escriben las madres explicando lo bello de ser mamás jóvenes, maduras, solteras o lo que sea, pero quién sabe por qué, me enamoré de este manifiesto. Quiero creer que es por cómo se expresan los sentimientos y por el salir de lo básico, que es la famosa enumeración de cosas y momentos por que una mujer pasa para tener un bebé.

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