7/01/2015

La mitad de mi altura

Me regala un tema de Calamaro, "Soy tuyo". Me deja unas palabras para acompañar su ofrenda y se va.
Una vez a la semana vuelve para recordarme el regalo, repite una y otra vez todo lo que me quiere y se va.
Vuelve con un fiel pensamiento de seguridad. Piensa que por cada vuelta yo sigo intacta, ilusionada como desde la primera vez.
Lo que no sabe es que cada vez mido menos; empecé a derretirme la primera vez que me mintió. Porque una cosa es que te mate una ilusión por un compromiso mayor, otra es que lo haga por miedo, cobardía, por egoísmo.
Medir cada vez menos me hizo ver las cosas desde abajo, desde una perspectiva infame, incapaz de llegar a los pensamientos de aquellos que saben disfrutar.
Haber perdido las piernas, moverme arrastrando mi cintura con los brazos me hizo sentir inútil, un estorbo. Tenía que buscar un skate para moverme con más facilidad, o una silla de oficina de esas con rueditas; la hubiera acompañado con una escoba para empujar y seguir con los labores diarios.
Haber perdido la mitad de mi altura fue recordar lo peor de la vida, llorar hasta no poder respirar, levantarme con un dolor en el pecho; sufrir el síndrome del miembro fantasma.
Quién lo iba a decir... ir a un médico no ayudó, fui a dos, tres, un rejunte de especialidades. Una junta de médicos me ayudaron a salir y juntos me dieron la esperanza de volver a mi vieja altura.
Qué interesante es la medicina cuando te ayuda o ayuda a una persona tan cercana, increíble a lo que llegamos; tratamientos para la regeneración de miembros.
Pensar que de chicos creíamos que los únicos capaces de estas cosas eran las lombrices, seres desafortunados sí los hay. Sufrieron mutilaciones en pos de la evolución, si así se puede llamar. La evolución del conocimiento, del autoconocimiento.

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