7/06/2015

El pozo ciego

Hace unas semanas mientras caminaba por la ciudad me caí en un pozo, durante varios días estuve pidiendo ayuda pero parece que nadie me escuchó. No me quedó otra que entablar una relación con mis pensamientos más profundos.
A la espera de quien me tienda una soga para rescatarme decidí idear planes a futuros, una vida mejor, rica en experiencias y mucho cariño. Y sí, un día me tenía que decidir a ser más dócil, una mujercita como esas que tanto se venden.
-¿Aloooo?, ¿hay alguien ahí?, pregunté una, dos, tres, cien veces.
Después de pedir ayuda e idear esa vida mejor, empecé con las perturbaciones que me pusieron nerviosa, inquieta y hasta un poco violenta. Golpear las paredes me dejó los nudillos rojos, resentidos. No era yo, era otra, una desconocida.
Quise seguir pidiendo ayuda pero ya no podía diferenciar mis palabras. Quería algo que no era capaz de pedir y pedía lo que no quería. En ese momento necesitaba más que una soga, necesitaba un apoyo moral, una persona que me guiara los pensamientos, que me tranquilizara.
Aquellos días me moví tanto que excavé el fondo hasta quebrar el suelo. Caí, caí y caí, volé, volé sin disfrutar ese lapso de libertad, volé hasta desaparecer.
Ya no sé quién escribe este texto, si desaparecí ¿quién soy ahora?, ¿hay dos yo que relatan?, ¿cuántas personas componen una persona?.
Estoy perdida... por favor, ayúdame a reencontrarme con mis más allegados, ya no sé dónde queda mi casa, quienes son mis amigos, no sé si estoy casada o soy soltera, si tengo hijos o no. ¿Qué es todo esto?.

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