7/20/2015

Días de sangrado

Tengo unos cuantos borradores con frases tiradas como esos pedazos que no termino de comer. A veces siento grandes ganas de escribir, de usar todo el día para ello, pero no puedo. Hoy toca retomar.
Me buscan, me sacan charla y yo acá, con los dedos que acarician el teclado a la espera del milagro.
La única manera para no enloquecer es retomar esas sagradas puntas que dejé para más adelante.

Siento la imperiosa necesidad de dormir para olvidarlo todo, dejarme ir, no pensar.
Lo intento, tengo tiempo de sobra para desaparecer de esa forma, pero no puedo. Doy miles de vueltas y mi cabeza nuevamente recomienza a atar cables sueltos. Me enojo, me odio, me detesto.
Deseo lo que nunca recomiendo, pastillas. Me quiero hundir en un mundo donde no cuente mi cuerpo. Quiero olvidarme de la vida real.
Pienso en pasar del otro lado, exagerar, matar las pocas ganas que me quedan de ser positiva. Ya no me sirve el "más o menos".
Controlo si a esas horas de la noche, mientras todavía no las tengo, en alguna parte de la ciudad hay otro desquiciado como yo.
El domingo fue hermoso, soleado, con calorcito, pero opté por quedarme en casa para torturarme y no aprovechar el sol. Tenía los ojos hinchados y rojos, las pantallas me habían desgarrado la mirada. Sólo esperé a que el sangrado viniera para sentirme sin culpas. Amé cada dolor e incomodidad que me causó. Era lo único a festejar.
¿Qué ironía?, querer lo que no quería que hicieras. Quiero 15 días de drogas, 15 días de coma farmacológico. Quiero esto para no tener que esperar viéndole la cara a aquellos que van por la vida felices de poder compartir.
Los momentos malos se agudizan con el tiempo. Más pensamientos, menos gente a tu lado.

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