7/10/2015

Del puro

Me reencuentro conmigo misma, me reencuentro al conocer un nuevo concepto sobre el amor.
Por momentos me desconozco. Yo no era aquella que hablaba de estas cosas abiertamente y mucho menos con tan pocas metáforas.
Hoy expongo un análisis y me ofrezco como voluntaria. Doy la cara y me pongo como ejemplo. Doy conferencias ante un público invisible, cuento mis más profundas reflexiones y motivo para ayudar a quienes se encuentran perdidos sin un camino firme.
Hace varios años, cuando me movía por la escena musical under, había una banda que en sus shows preguntaba "¿qué es el amor?". Respondía con una sonrisa porque no sabía qué más decir.
Hoy, después de tantas historias personales y ajenas, me encuentro respondiendo a esa pregunta que tantas veces ronroneó en mi cabeza.
Por empezar el amor es un sentimiento, uno de los tantos que podemos sentir. Podemos amar a mucha gente, pero el amor no es igual para con todos. Usamos la palabra amor para referirnos a una madre, a un padre, hijos, amigos y pareja. Pero con cada uno de ellos el amor se amolda en base a la categoría.
Mi teoría se basa en el amor de pareja, un tema muy discutido en la sociedad moderna.

¿Qué es el amor?, me hago esa pregunta en un momento de crisis. Miro mi alrededor y analizo. Tengo conocidos que apuestan al amor sin ataduras, aquel tan "pro" que permite las aventuras menos pensadas. Una madre que cargó una cruz no correspondida, una amiga cómoda y desganada, una amiga entregada y muchas historias más.
En todas veo que el perdón existe por el sólo hecho de amar con locura; un sentimiento que nació de un día para otro. Y sí, no creo que el amor se construya con meses y años de convivencia. El amor aparece de un día para otro, te da una bofeteada y te reta a un duelo. Te pone en un ring donde tu decides si luchar o tirar la toalla.
Ese amor que desafía es el amor puro. Aquel amor que te hace cambiar de perspectiva, que te hace replantear miles de cosas, que te obliga a cambiar tus errores.
El amor verdadero es el único que opta por romper barreras, el único que te obliga a correr, porque el verdadero no espera, el verdadero vive del ahora.
Cuando el amor es puro, no importa el tiempo en que se lo haya conocido, la circunstancias ni nada, cuando es puro a uno le nacen las ganas de luchar contra todo, de dejar las comodidades para hacer de dos corazones uno más grande y más fuerte.

No entendía porque grandes mentiras y meses de ocultamiento podían ser perdonados. No entendía cómo tantos años de matrimonio podían equilibrarse ante unos meses de egoismo puro. No entendía cómo una persona pudo haber soportado una enfermedad ajena de alguien que no aceptaba curarse, no entendía cómo una persona pudo haber pasado un tiempo aceptando un mal comportamiento. No entendía porque a meses de conocerse elegían casarse. No entendía cómo tantos años de diferencia no hacían la diferencia para formar una familia. No entendía cómo la razón tan altanera tenía el poder de borrar títulos universitarios.
No entendía todo esto pero hoy si. Entiendo por qué al soltar sentí la necesidad de dejar una puerta abierta. Una puerta que me era necesario arrimar pero no terminar de cerrar. Una puerta que quedará así por unos días y quizás uno o dos meses. Creo que esas puertas tienen un período de validez, llega un momento en que desaparecen porque la cabeza vuelve a hacerse escuchar.
Los sentimientos pueden no cambiar pero sí moverse. El amor puede mutar, entrar a otro cuerpo.
Además, el amor es un todo o nada. Quien no quiera arriesgar es porque no lo siente en su más profunda esencia, eso que dice llamar amor es obsesión, una nueva comodidad. Aceptar eso sería entrar en un círculo de conformismo, menospreciarnos.
Hoy aprendí que el amor es superar momentos y apostar fuerte en los momentos más difíciles. Es aquello que nos hace cambiar de parecer de un momento a otro. Es quien nos hace querer lo que no queríamos y replantear nuestros ideales, nuestro futuro.
Hoy sé que el amor es disfrutar y compartirlo, es abrazar una vieja teoría de supervivencia, esa que tan fría suena al saber que el único propósito del ser humano es reproducirse. Eso es, aceptar la teoría, aceptarla porque el amor la trabajaría de manera perfecta.

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