7/13/2015

De camino

Ojalá tuviera la delicadeza que tiene Cortazar al decir que vomita conejitos, pero lo mío es sangre pura, inalterable.
Escupo todo lo que guardé desde que te conocí y el dolor que hoy me causa no tenerte.
Ojalá alguna vez llegara a ser como él, inmortal con mis palabras y ojalá poco a poco me vuelvan las asquerosas ganas de mezclar gustos y saciar mis estúpidos antojos. Ojalá vuelvan y siga vomitando.
Hace unos días creo que lancé lo último que guardaba, me di cuenta porque ya comida no había, era eso tan amarillo y ácido que daba dolor.
Todo lo que consumo me dura poco, me alimento con unas gotas de suero que fácilmente consigo fuera de casa.
"Vómitos y palabras" podría ser el título de uno de esos libros que quiero escribir. Metáforas muy pocas, realidad, mucha.
Me pregunto cuanto más me queda por escupir, ¿cuanto más no dije o quiero decir?.
Creí haber dicho todo pero parece que los sentimientos eran tantos que demostré poco y el resto lo guardé. Que cobardía la mía, ahora me toca limpiarme. Dejar este cuerpo pulcro otra vez. Dejarlo como nuevo para que toque llenarlo de cero y con cosas que luego no tendré que vomitar.

Qué maravillosa ocupación la de mis tiempos libres, terapéutica como nada. Abrazo las palabras que con delay llegan a un diario digital.
Me gustaría seguir escribiendo pero el dispositivo no ayuda, tampoco el paisaje. Me están hipnotizando, no creo durar mucho más. Mejor me voy ahora y aviso previamente, como cuando me avisabas porque no querías que me quede a la espera de un cuerpo que fácilmente se iba, por cansancio natural o por una pastilla que te daba lo que yo quería darte.

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