7/19/2015

Complicidad nocturna

Con taquicardia adolescente me levanto en medio de la noche y con la certeza de que me hablaste. Esta vez nadie me convencerá de aquello fue un sueño, fue algo más, un mensaje directo, telequinesis. Me siento un poco idiota hablando de estas cosas, teorías poco desarrolladas, palabras duras, técnicas, pero no encuentro otra manera de decirlo.
Estaba en la cocina, en pijama y sin arreglar, vos sentado en una silla del living, contemplando mis movimientos, abres la boca y me dices "me encanta verte". Tres palabras, sólo tres fueron necesarias para que me de una pausa y me gire a verte. Te miro y mientras lo hago te imagino durmiendo, como hace un rato lo estabas, te respondo: "y a mi me encanta verte dormir". No hubo más que una sonrisa en acuerdo para confirmar la belleza de los comentarios que nos acabábamos de regalar, eran la energía necesaria para seguir disfrutando el día y recordarnos que al menos otro día más podíamos sobrevivir sin decirnos algo.
Me muevo y estiro mi mano para tocarte, encuentro espacios a mi alrededor, solo almohadas desprolijas testigos de una guerra. Me encuentro entre dos espacios vacíos, en el medio perfecto de una cama para dos, en una noche donde una sábana basta para cubrirme del frío. Una sábana que podía no servir si estabas a mi lado, abrazándome con tu cuerpo perfectamente plegado para encajar con el mio.

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