7/08/2015

Ayudar cuestionando

Para empezar, soy mujer, naturalmente reflexiono más sobre las pequeñas cosas de la vida. Las mujeres somos así, algo que hoy nos causó cierto incomodo lo podemos recordar en un año y replantear nuevamente, ¿porqué ese sentimiento aquél remoto día?.
Sí, puede que en muchas cosas nos pongamos pesadas, ¿por qué retomar un tema que ya se habló?, porque no aceptamos las cosas porque sí y porque tener sólo un par de palabras como respuesta nos resulta escaso. Nos cuesta quedarnos calladas, tendemos a forzar al hombre para que piense más y que escuche más a sus sentimientos.

Hace una semanitas atrás, una persona me preguntó "¿por qué me cuestionas?". En ese momento la pregunta la escuché con un tono desafiante, duro, enojado. Sentí que él pensaba en que yo dudaba de mis sentimientos, además sentí que me pedía que terminara con las preguntas, porque había cosas que no tenía que preguntar, que ya no me metiera más porque hasta ahí podía llegar.
Independientemente del porqué de su reacción, esa pregunta me quedó en la cabeza. Como muchas otras y por mi fijación en el análisis de cada palabra utilizada en nuestros discursos, esa pregunta fue una antes y un después.
Me di cuenta que cuestiono quien se gana parte de mi amor y no admiración, porque puedo admirar a mucha gente pero amar a muy pocos.
No es lo mismo amar que admirar. Amar es preocuparse por hacer las cosas bien, sentirse bien y hacer sentir bien a la otra persona. Admirar es reconocer los éxitos que destacan a una persona, indistintamente que nos interese mucho o poco.

A todo esto me pregunté, ¿por qué cuestionamos? y ¿por qué lo cuestionaba?.
Podemos cuestionar por varios motivos, pero principalmente cuestionamos por dos cosas:
1- Porque tenemos momentos en que nos comportamos como importantes estúpidos.
2- Porque nos interesamos en una persona de la forma más humilde y bondadosa.

Están los que cuestionan por que los celos invaden su capacidad de razonamiento y porque quieren ser los únicos con el poder de manejar la situación, o sea los estúpidos. Luego están los que cuestionan por querer ayudar, los que a través de preguntas intentan hacer reflexionar al otro, hacerlo sentir bien, darle el espacio para que se abran y hablen de ellos, de lo que son por lo que hicieron y hacen.

Llegar a esta conclusión me hizo pensar que enamorarme me hacía mejor persona, querer conocer sus problemas, querer ayudar era algo que no me nacía con cualquiera. Aceptar esto y querer adentrarme me resultaba natural, me sentía cómoda haciéndolo, no era un problema. ¿Vieron que cuando nos topamos con alguien depresivo tendemos a alejarnos por miedo a que nos pase toda esa negatividad?, bueno, la idea es no escaparles, la idea es poner el pecho a esas relaciones, porque siempre pero siempre, el estar bien vencerá al estar mal.
Quien está bien es porque está seguro de todo lo que está haciendo, está contento con sus logros y esa fuerza que conlleva es la única capaz de ayudar a alguien que está mal.
Tener la capacidad de ver las cosas por su esencia es una virtud que hay que trabajar desde cero. Pensar de más no es una locura. No, no es una locura darse otra noche de reflexiones mirando al techo, con lágrimas o vómitos.
Pensar un poquito más nos hará libres, actuar mezclando sentimientos y razón, invencibles.

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