5/27/2015

Segunda comunión

Fue fácil, ninguno tenía ganas de apostar nada. Era sólo una historia más para contarle a nuestros amigos.
Hablarnos fue lindo y más porque no fue necesario presentarnos, ya nos habíamos visto.
Algo había gustado, cómo explicarlo... como un tema que a los pocos segundos de escucharlo opones tu juicio final; ¡me encanta!.
Esta vez empezar me está tomando mucho tiempo. Saludar y preguntar por su día es una pregunta de ciencia incierta; no siempre entiendo sus respuestas.
Hoy mi inicio es con ceremonia, una relación religiosa, incierta pero con fe.
Al parecer la filosofía que aprendí en el colegio más la de la universidad no me bastaron. Con mi nuevo acercamiento a Dios me pregunto: ¿Quién soy?, ¿quiénes somos?, ¿qué es querer sin soltar?, ¿qué son las obligaciones?, ¿qué son las dudas?, ¿y los hijos, los padres, las madres y los amigos?, ¿y los sentimientos desencontrados?.
Este es un inicio de larga duración, se vuelve repetitivo, lento. Quiero que desarrollemos un nudo, un lindo conflicto que podamos desatar una y otra vez como con aquellas películas que no nos cansamos de ver. Empecemos de una vez con el final del incio.
Y a ti Dios, que ahora me guías una vez más, que me aconsejas, que me das fuerzas, dame la bendición. ¿Qué mejor cosa que adorar lo que nunca se vio?.
Intento apreciar la vida del otro, lo hago, ya sabes que sí, pero me obligo a pensar y cuestionar.
Dame la fe para hacer de esta historia una novela que quedará en la biblioteca por décadas.
La quiero regalar. No ahora, en unos años, en unos largos años. Cuando ya esté cansada de cuestionar, cuando mi paciencia se vuelva oro y cuando las arrugas me den la belleza que nadie supo apreciar en sus veinti tantos años.

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