4/09/2015

Cuestión de minutos

Como otros días, íbamos a saludarnos con un abrazo de futuro incierto.
Perdidos en un espacio neutro, los ojos nos guiaban al mismo lugar, unas escaleras con dirección a la raíz del día uno.
En la espera de quien nos separaba y nunca combatíamos, sentí un dolor similar al de perder algo muy querido; pero algo me empujó y me dijo que siguiera, que en breve iba a terminar.
Mientras discutía internamente el esperar, esperarlo y llorar, me pidió una y mil veces que me quedara. Si no hubiera sido por las obligaciones ya estipuladas, ese día no hubiera tenido final. Estábamos allí, escuchando latir las puertas, los pasos y las miradas; en el corazón de nuestra historia.