3/05/2014

Federales

Fuimos la mejor pareja del año. Los más recordados.
Yo era la argentina, la que hablada todo shh shhh.
Él era uno más de su ciudad. Uno más, pero para mi el más bonito.

Su traje, su maletín, sus zapatos bien lustrados. Su ilustre café mañanero.
Su barba bien afeitada.
Eramos la pareja más linda.
Yo tan juvenil, él tan señor.
Dedicábamos nuestras salidas a las risas y a los jugos frutales de la calle. Eran nuestra perdición.

Como yo salía antes, pasaba a buscarlo por su trabajo.
A eso de las 17hs, me quedaba en la vereda de en frente esperándolo.
Muchas veces me tocaba esperarlo un poco más. Veía salir a todos menos a él.
Una vez afuera, me decía siempre lo mismo: "discúlpa es que me dieron un trabajo a último momento, lo quería terminar hoy y no dejarlo para mañana".
Estaba enamorado de su trabajo. Sus ojos me decían lo mismo, pero también me pedían perdón.
No podía enojarme por eso; su mirada no me lo permitía.

Caminábamos por la ciudad y después de una media hora, hora entera, volvíamos a casa.
Era una rutina hermosa.
Ambos estábamos contentos. Teníamos lo que queríamos.
¿Qué más podíamos pedir?
El Distrito era nuestro.

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