3/30/2014

Oscura inteligencia.



De la insanidad estaba lejos. Tanto que lo podía oler a kilómetros de distancia. Era un actor, lo hacía para ahuyentar malos espíritus. En lo profundo de su mente se encontraban todas las historias que aquellos indígenas le habían transmitido. 
No estaba loco. Era demasiado inteligente para ser uno más. 

3/09/2014

Cultura en veremos.

Mi cultura es nueva, sin historia.
Todavía se está construyendo, no tiene base ni pilares; se está construyendo.
Mi cultura es linda, porque todavía no tiene fachada.
Es interesante, porque se habla de un futuro.

Mi cultura inspira,
porque se boceta en el cielo.

Mi cultura se basa en el amor,
en el trabajo de nuestros antepasados.
En el sueño de inmigrantes que le dieron forma a este presente.

Mi cultura no tiene muerte,
es una vida constante, 
llena de palos y piedras.
Un juego de nunca acabar.

En mi cultura la vida es interminable,
quien habla de muerte, habla de dolor.
Quien deja la vida, deja la razón.

Mi cultura no es rica,
a mi cultura la alimento.
Ella es huérfana y está en "veremos".

Mi cultura es una niña,
de delicada piel y enormes ojos.
Ella es un papel, una escena antigua.
Ella es la mujer del siglo XX,
callada y sumisa.

3/05/2014

Federales

Fuimos la mejor pareja del año. Los más recordados.
Yo era la argentina, la que hablada todo shh shhh.
Él era uno más de su ciudad. Uno más, pero para mi el más bonito.

Su traje, su maletín, sus zapatos bien lustrados. Su ilustre café mañanero.
Su barba bien afeitada.
Eramos la pareja más linda.
Yo tan juvenil, él tan señor.
Dedicábamos nuestras salidas a las risas y a los jugos frutales de la calle. Eran nuestra perdición.

Como yo salía antes, pasaba a buscarlo por su trabajo.
A eso de las 17hs, me quedaba en la vereda de en frente esperándolo.
Muchas veces me tocaba esperarlo un poco más. Veía salir a todos menos a él.
Una vez afuera, me decía siempre lo mismo: "discúlpa es que me dieron un trabajo a último momento, lo quería terminar hoy y no dejarlo para mañana".
Estaba enamorado de su trabajo. Sus ojos me decían lo mismo, pero también me pedían perdón.
No podía enojarme por eso; su mirada no me lo permitía.

Caminábamos por la ciudad y después de una media hora, hora entera, volvíamos a casa.
Era una rutina hermosa.
Ambos estábamos contentos. Teníamos lo que queríamos.
¿Qué más podíamos pedir?
El Distrito era nuestro.