2/05/2014

No dormía.

La noche no era noche, pero el día era día.
Pasadas las 4, ya no recordaba cuántos segundos tenía un minuto.
Solo pensaba en los números que pasaban mientras leía su nombre. Llena de memorias, sus palabras la empujaban. Querían que escribiera. Nada la dejaba en paz.

Mil canciones había consumido. Estaba decidida, caminaba por el borde de una ventana. Él cursor ya era el precursor de cualquier idea. El estaba de su lado. Manejado por las mejores ideas. Ella no, ella no caería. Ella lucharía contra toda facilidad.
Una vez, había accedido. Aquella vez había sido única. Había superado dos mundos, había llegado a un tercero. Solo una vez, pero había retrocedido.
El pueblo milenario la conocía muy bien. Era ella de la que muchos hablaban. Era ella la que había derrotado el dragón de las auroras.
Ni una espada había utilizado. Se dice que sus manos eran mágia. Desaparecían cuando pensaba.
No había ayudas. Era su cabeza la que luchaba.
Decían que venía de una familia rudimentaria. Que la habían alimentado de mentiras y frutas del Edén.
Dicen que cuando había pasado los dos mundos había esperado a una persona paralela, a una persona que había buscado en los mundos anteriores. Dicen que se quedo esperando por unos meses. Que muchos se le acercaron para ver si respiraba. Era de no creer.
Un día se levantó, imaginó el pasado con las decisiones inversas y se dio cuenta de la catástrofe que había pasado en aquel mundo. Su elección había salvado la vida de muchos.

La noche la sacudía. La noche le traía un dragón nuevo. Uno nuevo y consigo uno viejo.
Pasadas las 5 ya veía un grupo volar. Eran más. Los dragones sobrevolaban su cuerpo.
Parada en la punta de un acantilado, saltó. Rompió toda nube levitaba sobre el mar. Rompió toda brisa que acariciaba. Rompió el mar y al romper el mar rompió el tercer mundo. Nunca lo había dejado.

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