2/05/2014

Mirando el cielo.

Me era imposible no pensar en que se había asustado, sus amigos lo habían atacado.
Entre su desasosiego y el miedo, se había escondido bajo el primer sabino que encontró. Estaba casi llorando. De lejos podía verlo, secaba unas lagrimas y cerraba sus puños para gritar lo que no podía decir.
Estaba en shock.
El sol seguía y las nubes le pasaban.
Me acerqué para verlo más de cerca, pero como vio mi cara, se volteó. En esos pocos segundos pude ver lo que traía en su mente. Estaba desilusionado consigo mismo. Había perdido un pedazo de sí.
Me aleje. Me senté en un banco que me dejaba de espaldas a el. Cerré mis ojos fuertemente y le dediqué unas palabras.
Cuando me gire para ver si seguía, allí estaba, mirando el cielo. Le sonreí y voltió su cara. No quería tener contacto alguno.
Me levanté y me fui. Mi caminata era larga, tanto que todavía me faltaban unos cuantos kilómetros.
Al cruzar la calle de la plaza que dejaba, un perro me siguió. Lo acaricio y le doy una galleta que tenía conmigo. La agarra y se va.
Camino, me volteo una vez más y los veo juntos. Estaban compartiendo la galleta. Le sonrío. Me mira y baja su mirada. Estaba avergonzado.
 Me fui, camine hasta llegar a destino. Ya estaba en el lugar de todos los días.
Me ducho, me cambio, como, me recuesto y le dedico unas palabras.
Escucho un ruido, era la ventana que se había cerrado de golpe. Voy a cerrarla y veo la luna llegar. El cielo estaba azul, el mismo azul que había compuesto el celeste del día. Y las nubes, las nubes de la tarde habían evolucionado. Me acorde de el. Le dedique mi última sonrisa del día y me fui a dormir.


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