2/09/2014

Más de media hora es dolor

Qué más podía decirle, todo lo había escuchado.
Pero eso es lo que él creía, ¿o lo que él quería?
Yo tenía algo que nadie más le había dado.
En este espacio, tan pequeño y profundo, conservaba los años restantes de un amor humano. Uno que poco tiempo atrás, se había desvanecido por la enfermedad de uno.

Tengo todo bastante sintético.
Y además, tengo las palabras más resonantes, aquellas que tu no te atreves a usar, sino de manera salvaje. Escondidas en la más lúgubre poesía de día de muertos.

Le decía: es fácil analizarme. Es fácil entender que no soy figurita repetida, pero sí una difícil.
No es por creerme, pero ¿cuántas personas tienen 4 dedos en cada mano?.
Yo soy una de esas que decidió sacarse dos dedos para recordar lo más importante en este mundo.
No quiero de más. Quiero lo justo y necesario. Quiero lo que pocos saben dar, o mejor dicho, lo que pocos supieron darme. Y déjame decirte que ese alguien fue solo uno. Uno que con el tiempo cayó en la burda realidad. Esa que tu también odias, esa que optaron antes que a ti.

Déjame decirte:
Hoy mis días son diferentes. Los extremos son mis compañeros.
Feliz cuando apareces, triste cuando desapareces.
Y es que mi estado está relacionado con la niñez. Impaciente y delicada.
Cada palabra que me dices, repercutirá en mis siguientes años.
Con estos 4 años, todo lo absorbo.
No puedo razonar. Me supera.
Entiéndeme.
Me queda poco. Cuando inicie a ser como tu, todo se volverá más fácil. Pero por ahora, todo lo absorbo.

¿Averiguaste en qué te miento?, ¿averiguaste cuál es la verdad?.
Lo sabes muy bien, solo te queda comprobarlo.


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