2/25/2014

Vendedor nato

Estaba creída que lo hacía bien, pero no. De algo se dio cuenta.
Entre las curriculas que me llegaban, las veía y las ponía en el cajón. Mi trabajo era analizarlas, ver si servían para algún puesto.
Muchas veces entró a mi oficina preguntándome si todo iba bien, si necesitaba ayuda. Siempre lo note servicial, agradable, atento.
De todas aquellas veces que golpeó antes de entrar, hizo un movimiento diferente. No era cualquiera. Era demasiado particular; traía detalles.
Una vez, entro con una flor en su camisa, otra con un collar de madera, otra con una gorra, otra vestido de entre casa. Pero una vez, entro y me dijo que me vendía un universo en frasco, a solo 1 Dólar.
Le había tomado mucho cariño, las veces que me interrumpía me sacaba una sonrisa, por eso, decidí comprarle.
Al tenerlo en mis manos, lo deje en mi escritorio. Allí estaba. La interrupción alterada, formato frasco de vidrio.
Al día siguiente quise agradecerle semejante objeto. Mirarlo me hacía ir más allá del trabajo, de la oficina, de la ciudad.
A la hora de costumbre no pasó, tenía algo que hacer, eso me habían dicho. Lo espere unas horas más pero no pasó.
Al día siguiente, retrase mi trabajo para no perder mi atención en el reloj.
Abrió la puerta y me dijo: "oye linda, esto es para ti".
Era una curricula. Algo le había pasado, me había cosificado.

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