2/15/2014

Las malas costumbres

No era de esperarme nada. Entre las patadas de la vida y las puñaladas de los ineptos, me había levantado de un pozo profundo.
Luego de caminar con mitad de cuerpo funcionante, llegue a lo que siempre había llamado casa.
Al abrir la puerta, caí al piso derrumbada ante mis padres. Al mirarme se mantuvieron alejados. Les daba cierto asco, lo veía en sus caras. 
Arrastrada fui hasta mi cuarto, donde en 1 hora llegue a subir a mi cama.
Dormí por una semana entera, sin pausas, sin comidas y sin higiene.
Cuando me desperté era verano. El sol me pegaba en la cara. Era hora de recuperarme y levantarme, si no quedaría frita en esa posición.
Me levante, me di una ducha, comí y me fui a caminar.
Al volver, la familia estaba reunida, comiendo con su mejor vajilla, sonrientes como duras caretas de teatro. Salude y volví a ivernar.
Esta vez iba a ser por mucho más tiempo, tanto, hasta recuperar las alas que había dejado en aquel pozo.

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