2/21/2014

Identidad perdida

Cuando tenía una relación con mis costumbres, tenía una relación conmigo misma.
Las relaciones eran las mismas. La formas de afrontar nuevos retos. La gente. Los demás.
Los valores eran los mismos o bastante parecidos. No había mixes, solo colores netos.
La creencia, un plus de algunos que me acompañaban. Los símbolos, todos los días. Siempre lo mismo. Casas, iglesias, calles de barro, de cemento, los mismos edificios.

Cuestión de una decisión. De una idea puesta en marcha.
Cuestión de días, luego meses y hasta años.
Creé una red de personas perdidas para encontrar una finalidad. Una nueva identidad. Personal.
Un perfil basado en los desencuentros, en las incomodidades, imperfecciones, complejidades, soñadores, impacientes, inconformistas y detallistas.
Exiliados del comfort, todos nos reflejábamos en el otro.
Perdidos en tierra de volcanes, ninguno sufría quemaduras profundas. Los únicos rasguños que teníamos eran producto de nuestros primeros días en esta realidad.
La red creció. La red se dispersó pero la identidad evolucionó.

Cuando tu nueva identidad choca con la vieja, nacen nuevos enigmas, nuevas necesidades.
Nace una nueva lucha para no romper con tu nueva visión, para no dejarte seducir con las ganas ajenas, de
soñadores unidimensionales.
Cuando tu nueva identidad choca con la vieja, nace una evolución de evoluciones.
Identidad sobre identidad.
Un nuevo estrato que más adelante volverás a recordar como la piel que cubre una vieja herida.

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