2/06/2014

Despierta y en el sur

Estábamos en el apartamento, apenas habías dejado tus cosas. Maletas por aquí, maletas por allá.
Estabas cansado pero no tanto. La felicidad y las ganas de ver cosas nuevas eran más grande que el jet lag que traías.
Estaba decidida, iba a tratarte como un rey.
Fui por unos vasos de agua y te di uno. No podía tomar sin antes mirarte aún más, y sin sonreírte. Me ponías de buen humor.
Nada se comparaba a aquellas ganas de abrazarte. Buscaba la forma de no caerte mal, de no exagerar. Quería la ocasión perfecta, aunque ya estábamos en ella.
No paso ni un minuto. Retrocedí unos pasos para sentarme sobre una mesa, y con aire distendido, hablaba como si mucho no me importaras. La onda era actuar porque era difícil controlarme.
Te acercaste para decirme algo y ahí mis ojos cedieron. Brillaron un poco más y te diste cuenta.
Fue solo un paso más. Un pié de distancia.
Un pié y una boca.
No se qué mierda dijiste, ya no me importaba nada. Esa sonrisa me puso el mundo en mute.
Te acerqué y lo hice.
Me encanto y más que nada porque quede un poco más alta que tu.
Me encantaba verte más alto que yo. Pero en ese momento, quería cambiar los roles. Esta vez, te veía desde arriba. La sonrisa perfecta.
Después de besarte el sonido se encendió. Te volví a escuchar.
Te escuche y todo completé.


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