8/27/2011

Espinilla.

El barrio donde no nací y que techo me dio. La luz de los farolitos que poco vi.
Las calles de piedra que pisé, las corridas a las 3AM por San Telmo. El cagaso a la oscuridad de un La Boca que saluda el atardecer.
El tarareo de un Piazzola y la nostalgia de mi gran Buenos Aires fuera de mi alcance.
El 22 de Quilmes a CABA. Los chipas de Retiro me dan la alegría de mis largos y calurosos viajes en asiento de cuero y ventanillas con cortinita.
El agua que corre en el empedrado, la gris soledad en búsqueda de tranquilidad en el centro del suburbio. Conglomerado y poco aireado. Lugar de refugio y experimentos.
Por abajo, con sueños y calores, multiculturales vagones me llevaron a recorrer. Con filitos y amigos, no hay zapato que mejor valla que éste, que aquí mostrando estoy, en la gran Europa.
Simbología de lo abstracto, un Libertango de pasiones, té y tortafritas para revivir mi película nominada a un viejo amor.

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