6/05/2018

Recuerdos sin fechas

Yo no cuento los dias. Yo no cuento meses. Yo no cuento los años. No soy de esas que le pone fecha a los momentos importantes, porque cuando se hace, se pierde el toque de suerte.
Yo no recuerdo la fecha en que me siguieron para poder hablarme. Yo no recuerdo cuando besé una frente diciendo "muchas gracias y hasta luego", y eso que hay seres que se prestan para eso, como los bebés, pero siempre me atuve a esas situaciones.
Yo recuerdo un cruce de miradas en un bar que desentonaba conmigo. Yo recuerdo interesarme por estudiar cada gesto, cada detalle de una cara que jamás quise olvidar. Yo recuerdo, también, luchar contra un sentimiento que casi me hacía llorar por no saber cuándo volvería a ver a una persona,  sabiendo que seguramente era pronto. Pero ya saben, hay cosas que por más que existan posibilidades varias, tienen que suceder cuando se sienten esos nervios que te dejan como un tonto y el ser más original del universo. Yo recuerdo cuando contaba las horas para algo especial. Ahora solo las cuento para ir a trabajar y toda la magia de desvanece. Yo recuerdo, una vez, cuando olvidé las frases que siempre repetía. Recuerdo cuando amaba la falta de atención que me daba por el simple hecho de dormir frente a mis ojos.
Yo no recuerdo los números de teléfonos, los e-mails de trabajo, sólo recuerdo cómo llegar a ciertos lugares con el metro, negocios y puentes que sirven de guían.
Yo recuerdo una y otra vez todo eso cuando escucho canciones regaladas. Yo me atengo a tener cerca lo que no hace bien, porque enferma. Yo recuerdo lo bueno. Lo malo no existe, dejó de existir, vive como una incrédula memoria de sueño de noche profunda. Y es que se cree que el pasado me enoja, es incorrecto. Ese pasado me mantiene viva. Lo que puede llegar a llamar la atención y dar un aire de confusión y descontento, es el presente. La mentira viva que mantiene una vida en las condiciones más deplorables.
Si hay algo que miedo me da, aunque no sea ese clásico miedo que te paraliza, sino una hipotética posibilidad de hacer sin pensar lo que se pueda perder, es que si algo malo pasa y al final te encuentras sólo, porque replanteas tu concepto de soledad; allí estaría. Acompañando, acomodándote el cabello y las cejas. Una mano en el pecho y otra juntando tus palmas.
Yo recuerdo, que todo eso no es tan viejo ni tan nuevo, no tiene fecha. Yo recuerdo que hay algo que dí que no se puede ir. Yo recuerdo, algunas cosas, lo que se puede, mientras que el tiempo pasa. Yo recuerdo hasta lo que se me permita. Yo recuerdo y escribo. Aunque aquí todo tenga fecha, aquí es como si no hubiera medida de tiempo.

4/27/2018

El 27 o el 7 me dicen algo, ¿sabes a qué se refieren?

Dos horas y tengo que estar lista. Agarrar lo de siempre y salir para, ya saben, lo de siempre.
Dos horas para poder escribir algo que me desagote. Dos horas para alistar los pensamientos.
Podría empezar por marzo 17, como por marzo 27. Podría citar, por ejemplo, una amenaza que cosquillas me hizo pero no le quito el peso que aquella palabra conlleva. Podría tal vez, nombrar las canciones que me sacan una lágrima por sus letras, por su capacidad de traerme recuerdos. Podría también, describir lo que alguien crea en mí, las ganas de por momentos dar cero explicaciones. Las ganas de ahorrar para viajar, para encontrar más personas por la vida que tengan mucho y poco que decir. Las ganas de un momento romántico, de esos donde se puede dormir con el único ruido que la respiración obsequia.
Dos horas para salir de 1999 a El Poeta Halley. Dos horas para pensar en los tatuajes que podría, si Dios lo permite, pronto. Dos horas para imaginas las situaciones por lidiar cuando una de estas marcas quede a la vista de todos, las mil historias que tendría que contar para que la gente deje de preguntar porque se sienta incómoda con las preguntas que ofrezca como respuesta.
Dos horas de un 27, y el siete se repite. Me hace ruido el 27, como si tuviera que entender algo que no se me presenta de manera fácil. Algo por resolver.
Dos horas para quejarme de lo mucho y poco que tengo. Dos horas para calmar cierta anciendad que irrumpe mi buen hábito alimenticio. Dos horas para para calmar, para mirar hacia todos lados.
Dos horas para mi que casi ya no encuentro. Dos horas para resolver el misterio de unas ganas de besar que me invaden. Besos que en su mayoría son por toda la cara, sin tocar los labios. De esos que conectan más cuando se acarician las orejas, de esos que necesitan un juego sincronizado con las manos en el cabello. Cercanos, con fragancias escondidas en bello facial. Besos de esos lentos que hablan más que horas de charlas de noches de verano.
Dos horas que no llegaré a gastar por completo, porque aquí se queda todo. Como los procesos que dependen más de otros que de nosotros, hasta acá llego, pero ante de irme me cuestiono, ¿qué sería si dejara de existir?, ¿qué sería si dejara de existir?, y ¿qué si dejara de existir?.

4/01/2018

Mi buena o mala costumbre

Una historia truncada sobrevivió de alguna manera. No sé si mi buena o mala costumbre de ser todo o nada, causó una pequeña fisura en un mundo casi olvidado. A veces estas marcas crean una belleza particular, así es la naturaleza, algunas montañas asimétricas callan apetitos particulares y algunas cicatrices cuentan hazañas de supervivencia.
Esta supuesta fisura, dice, creó una nueva forma de análisis. El habitante de este mundo olvidado, nacido en un lugar donde lo guadalupano se refleja en cada calle, y seguramente en el restaurante de sus padres que jamás he visto ni probado su auténtico sabor, me demostró que su conocimiento en el plano celestial, siempre fue básico, al punto de no poder ver ni comprender las señales que la vida, todos los días del 2015, año que empezó en marzo, le ofreció.
Sin siquiera analizar tanto, para corroborar la veracidad de la afirmación sobre la nueva forma de análisis, bastó con preguntar sobre su vida actual para comparar las quejas pasadas con el bendito presente. Dentro de una historia que no se quiere ni intenta cambiar, el bendito presente sigue y seguirá con los mismos sabores y olores del pasado, una y otra vez hasta ver un cambio real. En este caso, la fisura del mundo olvidado en el que vive, no fue explotada para ser motivo de belleza y orgullo.
Lo que pasa con los mundos olvidados es que quienes lo habitan tienen que trabajar para que aquellas fisuras sean emblema, atractivos para los de afuera.
En los mundos reconocidos, las fisuras causadas por muertes de seres como de historias o sentimientos, son decorados con ofrendas de historias de puño y letra, tatuajes, fotos, pero lo más importante; acciones neutralizadoras de miedos.
Mi buena o mala costumbre de ser todo o nada, dice, creó una fisura de esas que regalan un cambio tres sesenta, pero lamentablemente, el presente de este habitante jamás superó un tatuaje. Ni una acción neutralizadora de miedo hizo que hoy su fisura sea emblema de su mundo.
El territorio olvidado en el que vive, todavía sigue dándole los mismos sabores, comidas preparadas por alguien que se acontenta con sus miedos, que necesita de su cuerpo muerto, de su falsa risa al momento de compartir la mesa, o un viaje al continente asiático, que dejó como recuerdo unas fotos carentes de sonrisas. En ese mundo los olores que guardan las sábanas compartidas por dos extraños que se conocen hace media vida, le recuerdan que los miedos siguen intactos, disfrazados de padre, hombre, persona que trabaja para salir adelante, de esposo con contrato a medio tiempo, por que el total de sus horas son también gastadas en pequeñas salidas a solas que le otorgan una diálisis obligatoria.
En este mundo olvidado, digo, la fisura que dice le ha creado una nueva forma de análisis, lamentablemente todavía no ha sido embellecida; el mundo en el que vive nadie lo reconoce. Creo me duele saber que allí solo está, sin alguien que le recuerde la belleza de algunas locuras sin previa organización, la frescura de una sonrisa cómplice en la intimidad, los naturales nervios causados por la inseguridad de vivir con poco pero libre. Libre.
En mis tiempos cuando solía ser una extraña con llave al mundo olvidado, solía recordarle la importancia de una comida sabrosa u horrenda, pero hecha solo para él. En mis tiempos solía mostrarle diferentes ideas para probar la belleza que algunos, con corazón dedicado, plasman en diferentes tipos de arte.
En esta historia truncada, mi buena o mala costumbre de ser todo o nada, aceptó las disculpas que aquel habitante de mundo perdido, expresó una noche donde su título de marido a medio tiempo, decidió aparecer vestido de pasado antes de unas canciones que sirvieron de conexión. En esta historia truncada, mi ser y mi reconocido mundo, jamás alojarán sentimientos de esos que enferman, solo compasión por quien todavía no conoce la libertad.

De palabras dichas al viento para que vuelen, mi pedido desde lo más profundo de mi corazón, es que en el momento justo, esa libertad te sea otorgada y disfrutes la vida de una manera única, digna de un habitante de mundo reconocido.

6/03/2017

Viejas épocas

El tiempo pasó. Pasó y me empujó hacia arriba. Aparecí desnuda en medio de un campo cerca de una gran ciudad. Caminé varios meses hasta que llegué a la zona más poblada. Con los pies lastimados y un acento que delataba mi presencia, me hice camino a golpes de elefante.
En el lugar donde estoy rara vez escucho algo que me lleve a mis paises... pero entre todos los lugares que frecuento, hay uno, sólo uno donde los sábados puedo darme el lujo de poner alguna canción para iniciar mi día.
Así fue como hoy, un sábado de junio me puse a escuchar Reyno. Un viejo grupo de México.
Solía escuchar sus canciones una y otra vez, compartirlas y organizarme para verlos en vivo.
¡Qué tiempos aquellos!. En ese entonces no solía estresarme por una situación migratoria, todo dependía de quien estuviera en el día a día, de unos mensajes, unos mails, unos tacos. Porque los tacos mejoraban mi calidad de vida, quien lo iba a decir…

Pasaron tantos inviernos, veranos, primaveras, otoños. Pasaron tantos cumpleaños, años nuevos, feriados, que ya perdí la cuenta de cuando dejé México. Ojalá tuviera la capacidad de contar cuántos años luz pasaron, pero siempre fui mala en matemáticas. Mejor decir en palabras el tiempo que creo pasó, que un número exacto carente de discusión.

9/26/2016

Monkeys and hearts

Me pregunta una y otra vez por qué aparecí. Me pregunta como si yo supiera de los planes que Dios tiene para nosotros.
Me pregunta y una otra vez. Me dice todas las cosas que pasan por su cabeza, las lindas, las feas, las dudas, las certezas. Me dice lo agradecido que está de algo que nunca hice de manera consciente.
Amanezco y me duermo con sus palabras. Miro sus ojos y las hermosas expresiones de sus cejas me regalan. Miro sus ojos, los más grandes que he visto. Imagino su piel junto a la mía. Imagino la grandeza de sus manos, sus abrazos… me pierdo cuando gira y su cuello se desnuda.
Al principio le pedía que me mostrara lo que más me atrae… ahora ya aparece preparado, imagino mis manos sintiendo la profundidad de su pelo. Intento explicarle la cita de un grande, mi falta de palabras sólo se reemplaza por el inicio del capítulo 7.
Jugamos hasta donde podemos, soñamos con ser cíclopes; volamos y aterrizamos. Deseamos con fuerza el milagro para dentro de poco. Todo se está dando, el mundo conspira con nosotros.
Hay un sentimiento que nació sin explicación, una historia que viene desde hace años; un buen karma.

9/07/2016

Come!

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9/06/2016

Oso, fichas, yegua, mails...

¿Será que debo escribir?, pasó mucho tiempo de la última entrada... las ganas que tenía no fueron tan grandes para sentarme y compartir.
En medio de un mar lleno de olas, en mi botecito de madera sobreviví a las fuertes tormentas.
Bueno, no sé si tan fuertes...después de ese tremendo 2015...

Ahora estoy llena de pelos, largos, oscuros. Me abraza un oso de pocas carnes, fibroso y amoroso. Es la cosita más extraña que siempre quise tener. Bueno, en realidad es algo así como un oso real, pero todavía está en proceso; en el horno.

Así como es me gusta. Se siente rico. Me da fuerzas. Me saca sonrisas. Me motiva.
Con música que no es la adecuada me siento a escribir. Retomo.
Quiero escribir mucho más pero todavía no salen las palabras correctas. No intento. Sólo hago lo que nace. Y sí, es poco, pero sirve. Es lindo volver. Aunque sea con poco.

Qué bien que ya estoy así. En la espera de un buen partido.
Virgen otra vez. Apuesta fuerte. La mesa es mía. Jugando todas las fichas. Apostar nuevamente.

Ok, admito haber quedado pensativa ante una respuesta seca. Me retracto, pero sin respuesta me calmo.
No quiero ilusionar. Menos a alguien con quien di más de lo que no sabía existía de mi.

Volví a las carreras. Soy aquella yegua por la que nadie quiere aposta. Sí, aquella marroncita.
Aca estoy. Participando para seguir activa.
Soy la misma de siempre pero más decidida. La que camina lento si quiere caminar lento.
La que ya come bien. O sea, nada. Nada porque espera lo que hoy cree mejor para ella.

Voy a dormir abriendo un mantra, voy a agradecer por las coincidencias, más bien por las causas.
Las perdidas y las ganadas.
Voy a festejar. Tus idas y vueltas. Voy a festejar mis decisiones. Mis ganas de crecer, de seguir creyendo que quienes quieren, dan hasta la última gota de sangre.
No hay nada que perder. Hay todo por ganar.

Difícil de entenderme. Coordino poco. Mucha PC en este día. Buenas noches mundo.
Vamos a otra dimensión, capaz allí me comunico mejor.

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